Las Reformas Borbónicas

España había sido la potencia mundial más poderosa en el siglo XVI, un imperio donde nunca se ponía el sol, como gustaban de afirmar sus reyes. Pero con el correr del tiempo, había perdido terreno frente a otros estados europeos, como Inglaterra y particularmente Francia. De hecho, al producirse una crisis dinástica a principios del siglo XVIII en España, el poderoso rey francés Luis XIV (el mismo que había afirmado “El Estado soy yo”) logró sentar a su nieto en el trono de ese reino, iniciando así la dinastía de los Borbones, la cual, con interrupciones, continúa hasta hoy en ese sitio.

Los Borbones iniciaron una serie de reformas, inspiradas en gran medida en la organización administrativa de Francia, con el fin de recuperarse internacionalmente, buscando articular de la mejor manera posible las economías colonial y metropolitana, para lo cual se dejó de lado el obsoleto sistema de flotas y galeones, habilitando en cambio varios puertos en España y América para poder comerciar (entre ellos el de Buenos Aires). Por otro lado, se trató de frenar el ascenso social de los criollos en América, para lo cual se estableció que los altos cargos de gobierno sólo podían ser desempeñados por españoles peninsulares. Precisamente, la demanda de una libertad de comercio plena, que permitiera incluso comerciar con los ingleses, y la participación criolla en el poder serían dos de los principales desencadenantes de las revoluciones de independencia.

En cuanto a lo administrativo, durante 150 años existieron únicamente dos virreinatos en América: el del Perú y el de Nueva España (equivalente a México y América Central). Con el fin de controlar mejor los dilatados territorios coloniales, se crearon nuevas unidades administrativas: surgieron así los Virreinatos de Nueva España en 1739 (actuales Colombia, Ecuador Panamá y Venezuela) y del Río de la Plata en 1776. Además, se aprobó la Ordenanza de Intendentes, que dividía los virreinatos en Provincias (intendencias y gobernaciones), medidas todas tendientes a lograr un control más firme de la monarquía sobre todos los territorios, reflejadas en nuestra región a través de la expulsión de los jesuitas, cuyos pueblos pasaron a ser administrados por funcionarios españoles.

Contrariamente a lo esperado por los reyes, las Reformas, lejos de ser exitosas, generaron una serie de resistencias que agravaron la crisis y culminaron, en el mediano plazo, con la pérdida definitiva de las colonias.



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